Publicado el 15/06/2025 por Administrador
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La tensión en Oriente Medio alcanza una nueva fase crítica. En una serie de ataques aéreos ejecutados durante la tercera jornada consecutiva de ofensiva, Israel bombardeó refinerías, depósitos de combustible y plataformas de gas en diversas regiones de Irán, marcando un cambio en la estrategia militar hacia objetivos económicos y energéticos.
Los bombardeos se concentraron en áreas sensibles como el poliducto de Shahran, ubicado en las afueras de Teherán, así como en instalaciones petroleras al sur de la capital iraní. Según fuentes internacionales, también fueron alcanzadas la refinería de Fajr-e Jam, en la provincia de Bushehr, y complejos gasíferos en el campo de South Pars, la mayor reserva de gas natural del mundo.
Este cambio de objetivo representa una ampliación del conflicto más allá de las infraestructuras militares y nucleares. Analistas señalan que Israel pretende ahora debilitar la logística energética de Irán sin provocar un colapso total que afecte los mercados globales. Sin embargo, los efectos ya se sienten: el precio del petróleo subió más de un 10 % en los mercados internacionales y las bolsas reaccionaron con caídas generalizadas.
Desde Madrid y otras capitales europeas, la respuesta ha sido de alarma. España, junto con Francia, Alemania y Reino Unido, ha exigido el cese inmediato de los ataques y ha instado a ambas partes a reabrir canales diplomáticos antes de que la situación se convierta en un conflicto de escala regional.
Irán respondió lanzando más de 270 misiles y drones hacia territorio israelí, impactando en ciudades como Tel Aviv, Haifa y Bat Yam. Los ataques dejaron decenas de muertos y heridos, incluyendo a numerosos civiles. Israel, por su parte, activó su sistema de defensa “Cúpula de Hierro”, aunque varios proyectiles lograron evadir la protección y causaron daños significativos.
El conflicto también ha tenido consecuencias dentro de Israel. Algunas refinerías y plantas industriales fueron cerradas de forma preventiva tras los impactos, generando interrupciones en el suministro interno y temores de sabotajes adicionales.
Mientras tanto, las conversaciones nucleares previstas entre Irán y Estados Unidos quedaron suspendidas indefinidamente. La ONU ha lanzado un nuevo llamado a la moderación, advirtiendo que la destrucción de infraestructuras civiles como plantas energéticas constituye una violación del derecho internacional humanitario.
Organismos de derechos humanos y líderes religiosos, incluido el Vaticano, han condenado enérgicamente los ataques a instalaciones que afectan directamente a la población civil. También países de América Latina han expresado su preocupación por el rumbo que está tomando el conflicto.
Expertos consideran que este giro hacia la infraestructura económica busca debilitar internamente al régimen iraní, erosionando su capacidad de financiamiento. Sin embargo, también podría provocar un endurecimiento de la respuesta iraní y el involucramiento de actores regionales como Hezbolá o milicias proiraníes en Siria e Irak.
Lo que está en juego no es solo el equilibrio político en Oriente Medio, sino también la estabilidad energética global. Con los ataques a refinerías, el conflicto entra en una fase de alto riesgo para la seguridad económica y humanitaria de toda la región.