Publicado el 06/06/2025 por Administrador
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La madrugada del 6 de junio marcó un nuevo y preocupante punto de quiebre en la tensa relación entre Israel y Líbano. Aviones de combate israelíes lanzaron su mayor ofensiva aérea sobre Beirut desde que se estableció el alto el fuego con Hezbolá en noviembre de 2024. La violencia se desató en pleno inicio de las celebraciones del Eid al-Adha, generando escenas de pánico y caos en varios sectores de la capital libanesa.
Los bombardeos, dirigidos principalmente a los barrios del sur de Beirut —Hadath, Haret Hreik y Burj al-Barajneh—, duraron más de una hora y media y afectaron zonas densamente pobladas que históricamente han sido bastiones de Hezbolá. El Ejército israelí afirmó que los ataques tenían como objetivo instalaciones subterráneas utilizadas para la producción de drones, presuntamente con apoyo logístico de Irán.
Minutos antes de los ataques, las autoridades israelíes emitieron advertencias de evacuación a los habitantes de las áreas señaladas, lo que provocó estampidas, embotellamientos y un ambiente generalizado de desesperación. Muchos residentes abandonaron sus hogares con lo puesto, temiendo lo peor.
El gobierno libanés respondió de inmediato con una condena categórica. El presidente Joseph Aoun acusó a Israel de violar flagrantemente el alto el fuego y el derecho internacional. “Esto no es defensa. Es un acto de agresión calculado que pone en riesgo la frágil estabilidad regional”, afirmó en un mensaje dirigido a la nación.
La Liga Árabe también se pronunció, advirtiendo que esta escalada pone en peligro el precario equilibrio alcanzado con el cese de hostilidades y puede abrir la puerta a un nuevo conflicto a gran escala. Diversos analistas señalan que la ofensiva puede tener fines políticos internos en Israel, en un momento de creciente presión por parte de sectores ultraconservadores.
Desde que se firmó la tregua, Israel ha realizado ataques puntuales en el sur del Líbano y las afueras de Beirut, argumentando que se trataba de “acciones preventivas” contra amenazas de Hezbolá. Sin embargo, el bombardeo de anoche representa un salto cualitativo y cuantitativo que podría dinamitar lo que queda del frágil acuerdo.
Hezbolá, aunque no ha respondido de inmediato con acciones militares, ha dejado claro en declaraciones previas que no renunciará a sus armas ni cederá hasta que Israel se retire de las zonas fronterizas en disputa. El silencio de su liderazgo tras los bombardeos podría anticipar una respuesta estratégica en los próximos días.
La comunidad internacional ha pedido mesura. Naciones Unidas y varios gobiernos europeos han exhortado a ambas partes a evitar una escalada mayor y a volver al diálogo. Sin embargo, sobre el terreno, la realidad es otra: familias desplazadas, viviendas destruidas y una creciente sensación de que la guerra nunca estuvo realmente lejos.
El ataque aéreo sobre Beirut no solo representa una ruptura simbólica del alto el fuego, sino también una advertencia de lo frágil que es la paz cuando las tensiones acumuladas no encuentran salidas diplomáticas. El Líbano, nuevamente, queda en la cuerda floja de un conflicto mayor.